Y aquellos sonidos y voces que recordé resultaron ser las cenizas de lo que un día fue mi infancia. Que calma, tranquilidad y a la vez tristeza me inspiraban aquellas notas musicales que duraban una eternidad de minutos. Las pistas pasaban pero la música no dejaba de sonar. Sin duda, se acercaba la catástrofe o, al menos así lo percibo ahora.
sábado, 24 de agosto de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 comentarios:
Publicar un comentario